En la Vuelta

Colectivo con sede en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Fotografía documental y foto-periodismo.

Resistencia QOM

Portafolio

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Este material corresponde al colectivo IMAGEN INSURRECTA

Somos lxs Comunes de esta Tierra, lxs hijxs del Maíz y la Papa, del Sol y la Pachamama.

Somos lxs Niñxs, mujeres y hombres que en rebeldía comenzamos a unirnos, aprendiendo a escucharnos y a organizarnos.

Somos lxs que alzamos la voz, lxs que vencimos el miedo.

Somos aquellxs que juntxs hemos echado a andar, construyendo Resistencia y escribiendo nuestra propia historia. La historia de toda mujer y todo hombre que sintiendo la injusticia y el egoísmo en lo más hondo, escuche la Tierra bajo sus pies, silenciosa, latiendo, y se anime entonces a afrontar su destino, a caminar…

Y en ese camino estaremos juntxs, lxs que sufren, lxs que sueñan, lxs que luchan.

La comprensión pareciera estar acercándose, surcando caminos entre los palacios del conocimiento, otorgándole un verdadero sentido a las sabidurías. Y ya no nos detendrán. Ya no. Ya Basta!

En el actual territorio argentino, el 80 por ciento de las tierras cultivadas está en manos del 20 por ciento más rico y se dedica a la siembra directa, mientras que el 80 por ciento de la población agraria -Comunidades originarias, campesinas y pequeños productores- son forzadxs a sobrevivir con el 20 por ciento restante.

La estructura social, económica, cultural y política del estado-nación argentino se configuró a partir de una matriz racista, cuyo diseño ideológico y filosófico fue asumido como programa de gobierno por las oligarquías patricias. Su plenitud coincide con lo que se conoce como la generación del ’80, siendo su máximo referente Julio Argentino Roca. Como comandante del `progreso´genocida de las Campañas del Desierto, Roca prometió insertar a la Argentina en el mercado mundial como productor de materias primas; configurandose así un modelo de país agroexportador que esgrime sus cimientos sobre el intento de exterminio de nuestras comunidades originarias.

De ahí derivan los colores del racismo que sustenta la actual estructura social en la Argentina.

La Sociedad Rural Argentina que en la actualidad impulsa el avance de un campo transgénico de monocultivo y muerte, en aquellos años financió la matanza indígena. El por entonces presidente Avellaneda, verdadero responsable de esa campaña etnocida, reparte 42 millones de hectáreas a mil estancieros de la Sociedad Rural Argentina. A su presidente, José Martínez de Hoz -bisabuelo del Ministro de Economía de la última dictadura- le pareció aceptable apropiarse de 2 millones 500 mil hectáreas de territorio indígena.

Otra vez las tierras, a las que pertenecen desde tiempo inmemorial, fueron usurpadas.

Luego de la campaña militar al Sur sobrevino la avanzada sobre el Norte, llamada Conquista del Desierto Verde. Las poblaciones originarias de esas tierras fueron forzadas a ser mano de obra esclava en plantaciones de caña de azúcar y algodonales. Los hombres fueron obligados a incorporarse al ejército mientras niñxs y mujeres eran repartidxs para el trabajo de servidumbre.

A fines del siglo XIX el Estado argentino creó campos de concentración, desapareció personas, torturó, asesinó y robó niños. Los Pueblos Indígenas estuvieron, como nunca antes en la historia, cerca del exterminio. Sin embargo, aún hoy, un sector de la sociedad niega que haya sido un genocidio. La Argentina moderna está construida sobre esa negación, la madre de todas las represiones.

Desde hace más de cinco siglos los Pueblos Originarios del Abya Yala y nuestra América padecen el exterminio, siempre cruel, a veces sanguinario, por momentos silencioso. Pero lxs Hijxs de la Tierra resistieron, y continuan resistiendo.

“Nos podrán matar, pero jamás habremos de morir. Muchxs ignoran, por la negación y el ocultamiento de los opresores, la sabiduría heredada de nuestrxs ancestrxs, fruto de la experiencia y convivencia armónica y milenaria de lxs Comunes con nuestra Tierra".

Esto se evidencia en el actual modelo de agronegocio, que llegó en 2010 al record de 19 millones de hectáreas con monocultivo de soja transgénica, el 56% de la superficie cultivada del país. Y con ello, uso intensivo de agroquímicos, desmontes masivos, desalojos violentos de pueblos ancestrales y éxodos hacia las ciudades. Como bien sostiene Darío Aranda, “el modelo de `desarrollo´ extractivo se completa con el avance de la minería a gran escala, el monocultivo de árboles, el corrimiento de la frontera agrícola y petrolera. La tierra fue reducida a recurso productivo y fuente de ingresos económicos explotando indiscriminadamente nuestros recursos naturales”.

El obstáculo de ese modelo que exporta naturaleza y destruye la vida son los pueblos originarios en resistencia, cuya Vida está intrinsecamente ligada a la Tierra.

La Tierra no es negociable. La Tierra se recupera y se defiende.

Publicado el 23 de febrero de 2011 en Reportajes, Derechos Humanos, Pueblos originarios

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