En la Vuelta

Colectivo con sede en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Fotografía documental y foto-periodismo.

Puerca Tierra

por En La Vuelta

Portafolio

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La familia Liemich es campesina. Su historia nos lleva a las zonas campestres de la provincia de Chaco, migrantes que escapan de la pobreza a las periferias de las ciudades, pequeños agricultores que gracias a las políticas económicas y la represión estatal y para-estatal son expulsados de sus lugares de origen con un destino incierto.

En el año 1977 Alberto y Josefina se afincan en unas tierras bajas, baratas y castigadas por los hornos de ladrillos que extrajeron durante años lo mejor de ellas, en una zona rural de las afueras de Monte Grande, en el partido de Esteban Echeverría.

El sostén económico de la familia compuesta por el matrimonio y sus 4 hijos desde hace más de treinta años depende de la crianza de animales de corral y la comercialización de sus derivados, un pequeño ganado de vacas que caminan y pastan libres, como antes del Feedlot y cientos de cabras que con su leche y la magia de las manos campesinas hacen un queso único en la región. La huerta orgánica libre de pesticidas nos entrega unos zapallitos de aspecto de antaño, sin lustre, muy sabrosos.

Desde el año 2010 los Liemich viven un calvario: las pocas hectáreas donde pastan sus animales están siendo cercadas por el avance descontrolado de los countrys que avasallan todo lo que tienen a su paso, desconociendo el derecho que tiene la familia en la posesión de estas tierras.

El Country Brickland mediante una maniobra violenta y fraudulenta, les arrebato tres hectáreas donde rápidamente cercaron y construyeron un muro delimitador.

En los últimos años, sufrieron diferentes tipo de usurpaciones a manos de empleados del Country que con máquinas desmalezadoras y camiones intentan tomar posesión y delimitar terrenos para luego vender las tierras en una clara maniobra donde un puñado de billetes vale más que la ruina psíquica y económica de una familia.

Otro cantar es la judicialización del caso, teniendo que gastar mucho dinero en abogados que no resuelven el tema y mucho tiempo, requisito fundamental para el trabajo en una unidad productiva, que se disuelve en pasillos y oficinas dignas de un cuento de Kafka.

La solidaridad y la difusión de este tema en particular y poner siempre en el tapete la discusión sobre los derechos fundamentales de las personas a vivir en paz, por sobre los intereses económicos y político-mafiosos de las corporaciones que no respetan esos derechos básicos, tiene que ser un ejercicio constante de interpelación como sociedad.

Publicado el 2 de diciembre de 2014 en Reportajes, Buenos Aires, campesinos, Comunidad, Derechos Humanos, Desalojos, Monte Grande

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