En la Vuelta

Colectivo con sede en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Fotografía documental y foto-periodismo.

La otra postal

por Walter Sangroni

Portafolio

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Bariloche, la postal más suiza de la Argentina, está astillada en dos por la desigualdad y el olvido de la miseria. La frontera se clava como una espina en la retina. Pero no son alambradas, ni barreras. Una ronda policial dibuja la orilla que mantiene a raya a quienes aguardan que algo se derrame del banquete que, a pocas cuadras, tiene lugar bajo las luces del centro cívico.

En Bariloche conviven, promiscuos, la belleza y el dolor latinoamericanos. Para que unos disfruten, otros purgan la vergüenza de ser pobre entre chocolates artesanales y esquíes que sobrevuelan un infierno helado que nadie quiere mostrar. A la periferia la llaman El alto y sus habitantes están, paradójicamente, hundidos en el abandono. Como si la penuria fuese una ley natural y el crimen policial su consecuencia lógica, el miércoles 16 de junio, Diego Alexandre Bonefoi, de 15 años, falleció del disparo que recibió en la cabeza de parte del Cabo Sergio Colombil, personal de la comisaría 28, a cargo de Jorge Carrizo, que buscaba a los autores de un robo. Poseídos por la indignación sus familiares y vecinos reclamaron justicia, a pedradas, frente a la dependencia policial. Los efectivos reprimieron la manifestación de bronca con violencia, gases y munición de plomo. A la veintena de heridos hubo que contar dos nuevas muertes policiales: Sergio Cárdenas, de 29 años, con un disparo en el estómago y Nicolás Carrasco de 16 años. El intendente Marcelo Cascón vió las imágenes del Apocalipsis que representan los pobres reclamando en el corazón de la ciudad imán del turismo internacional y pidió más uniformes, más armas. La seguridad de unos, muchas veces, es la desgracia de los otros. En su momento la defensora del pueblo de Río Negro, Ana Piccinini declaró que la policía: “reprime, pega, mata y está en los delitos de trata por explotación sexual”. Han pasado cuatro meses de la represión que el Estado, en Bariloche, desató sobre los pobladores de sus asentamientos marginales. Y ahí siguen los muertos, esperando justicia, junto a los cientos de casos de gatillo fácil de todo el país.

Leonardo Rodriguez

Publicado el 7 de octubre de 2010 en Reportajes, Bariloche, Derechos Humanos

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