En la Vuelta

Colectivo con sede en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Fotografía documental y foto-periodismo.

El príncipe de la noche

por Alejandro Rodriguez

Portafolio

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En el marco del “Mr. Moonlight Tour”, Peter Murphy se presentó en Buenos Aires, para hacer un recorrido por las canciones de Bauhaus en homenaje a los 35 años de la mítica banda británica que dio origen al rock gótico. El lunes 12 se vistió a tono con la tercera visita del vocalista al país: frío, viento, algunas lluvias y un cielo plomizo que acentuaba en el horizonte el contorno de los edificios. Pronto, la tarde cedió ante el ansia de una cita nocturna con el dueño de la medianoche.

Con la gente puntualmente llenando el Teatro Vorterix para ser partícipes de un encuentro con el pasado, el príncipe de la oscuridad salió al despojado escenario poco después de las 21 horas para tomar vuelo en el éxtasis que generan aquellas legendarias canciones. Luce elegante como un caballero ataviado en su vestimenta oscura y con esa apariencia de haber pactado con el diablo por la eterna y pálida juventud. Los elegidos para suplantar a los originales Daniel Ash, David J y Kevin Haskins son Mark Gemini Thwaite (guitarra), Emilio China (bajo y violín electrónico) Nick Lucero (batería), los mismos que lo vienen acompañando en los últimos años.

Con “King Volcano” y “Kingdoms Coming” en formato semi acústico disparan nostalgia por la espalda, como reza la letra de “Who killed Mr. Moonlight”. Le siguen “Double Dare” y “Flat Fields”, y ya percibimos que algo no está tan bien. En ese momento el crooner de cementerios agradece a la gente por su presencia pero también se queja del “fucking place”. Estamos frente a un show particular, que mostró a un Murphy contrariado por problemas de salud visibles y por inconvenientes técnicos que hicieron que no pudiéramos apreciar del todo su rica y profunda voz. Aun así, el que está frente a nosotros es un performer que sigue demostrando su capacidad de enamorar al público como antaño, y tratará de no defraudarnos.

A pesar de que los primeros temas no llegan con toda la energía esperada, el músico absorbe con sus movimientos vampíricos y su voz de ultratumba la voluntad de los asistentes, jugando con la teatralidad de sus ondulaciones, dando la mano al público agolpado adelante y saludando a los de más atrás. Entonces le siguen “God In An Alcove”, “Boys”, “Silent Hedges”y “Strange Kind Of Love”, el único de su carrera solista (Deep, 1990) y con Emilio China tocando el violín para convertirlo una fina y delicada pieza. La audiencia se muestra encantada y corea las canciones, pero es cuando llega el esperado “Bela Lugosi´s Dead” cuando el teatro estalla de éxtasis. Resuena la oscuridad del tema original que abre la mítica película “El Ansia” con Murphy tocando una caja de sonidos y jugando de tanto en tanto con sus movimientos propios de Ciudad Gótica. A partir de aquí, público y artista se envuelven mutuamente en una experiencia colectiva que hará elevar el show al nivel de sus dos visitas anteriores de 2009 y 2012.

La seguidilla de “Kick In The Eye”, “Passion Of Lovers” y “Stigmata Martyr” tienen una contundencia tal que logra embrujar a los asistentes que a estas alturas bailan despreocupados o se mueven dentro del pogo, con una impronta y una energía por parte del británico y sus músicos que inundan también el escenario de frenesí. Se cierra esta primera parte con “Severance”, emotivo cover de la banda Dead Can Dance, pero se espera más del padrino de la música gótica.

Para los bises, que inicialmente iban a ser cinco, finalmente eligen “She´s In Parties” con Murphy tocando la melódica y China aportando un eco industrial desde su bajo, y las contundentes “Telegram Sam”, originaria de T. Rex, y “Ziggy Stardust” de David Bowie. La audiencia extasiada, lo abraza imaginariamente agradeciéndole estos clásicos de la música dark pero espera aún más. Esta dosis adicional no se dará, ya que el telón se cierra y las luces se encienden anunciando el fin del show.

En una época que lo retro y los regresos de bandas de los ´80 son moneda corriente las canciones de Bauhaus no sonaron a destiempo, sino más bien a un sin-tiempo. La nostalgia por un pasado siempre mejor flotó permanentemente durante todo el espectáculo. Queda abierta la pregunta sobre si la inocencia con la que llegó el público de presenciar el show de la que tal vez sea la mejor banda gótica de la historia, se perdió al no encontrar el espíritu y la magia que generaban los cuatro integrantes originales; o, si por el contrario, el cantante pudo revalidar su amor con el público local con otros músicos que ayudaran a compensar aquel hechizo.

(Carolina Figueredo)

Publicado el 18 de agosto de 2013 en Cultura, Buenos Aires, Cultura

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