En la Vuelta

Colectivo con sede en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Fotografía documental y foto-periodismo.

A un año, la misma impunidad

por Walter Sangroni

Portafolio

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El viernes 9 de julio se realizó en Larraya y Chilavert, en el barrio de Villa Lugano de la Ciudad de Buenos Aires, un festival para recordar a Jonathan Lezcano y Ezequiel Blanco, a un año de su desaparición y posterior asesinato a manos de la policía de la comisaría 52.
Mas info en: Anred.

A continuacion reproducimos las palabras de los familiares:

Kiki lezcano era un chico de 17 años, fue secuestrado y asesinado por la policía de la comisaría º52 del barrio de Villa Lugano de la Ciudad de Buenos Aires.

Fue buscado por distintas organizaciones sociales (Búsqueda de personas, Derechos del niño y adolescentes, canales de televisión, Missing Children y demás) y fueron hechas todas las denuncias correspondientes en las instituciones de Justicia. Hasta que el día 14 de septiembre, la familia, para ver si recibían alguna novedad de los tantos llamados que hacían diariamente a los lugares, donde creían que podían conseguir alguna respuesta, le informan desde la fiscalía Nº 44 (la misma donde la flia Lezcano había denunciado amenazas por parte de la comisaría Nº 52) que Jonathan estaba muerto.

Que su cuerpo se encontraba en la morgue desde el 8 de Julio hasta hacía poco tiempo, porque ahora ya había sido enterrado en el cementerio de la Chacarita unos días antes .
Sospechosamente Jonathan fue enterrado como NN, cuando la fiscalía y la morgue TENÍAN TODOS LOS DATOS DE ÉL.

Kiki era un pibe de la villa 20 de Lugano. Como tantos chicos del barrio, tenía problemas de adicción con el paco: esa droga que antes era la basura que se tiraba tras el proceso de la cocaína, que después pasó a ser una droga barata para fomentar su consumo, para terminar siendo hoy un veneno caro y adictivo que mata todo lo que toca en los barrios humildes. Su familia luchaba diariamente contra eso, buscando por todos los medios un lugar de rehabilitación para su hijo. Todas las puertas estaban cerradas.

Los lugares públicos están saturados, y dan prioridad a personas con antecedentes delictivos. Los privados son un poco más accesibles, solo que se necesitan más de tres mil pesos por mes para tratarse en ellos. Jonathan tenía roces con la policia, ya que éstos participan y garantizan el negocio de la droga en el barrio. A menudo se ve almorzando a los oficiales de la °52 con los transas; o apretando a algún pibe que debe la plata de las dosis que le fiaron; o exigiendo robar, como si los chicos fueran empleados de la mafia policial. Todo es negocio para ellos: el que tiene unos mangos, que compre; el que no, que venda cualquier cosas de la casa o que salga a robar; y el que quiera dejar de ser adicto, será amenazado, será apretado y golpeado en alguna esquina. De día o de noche será perseguido, le sacarán fotos como hicieron con Kiki, y su familia será amenazada también, como hicieron con los Lezcano. Y si no aprenden que la única cura para la adicción es someterse a la droga, es someterse a la policía y a los transas del barrio, serán secuestrados y asesinados, como ejemplo para el miedo, siempre presente en los barrios pobres, en donde la justicia fue raptada, asesinada, y enterrada como NN quién sabe donde.

Familiares de Jonathan y Ezequiel.
Agrupación KIKI lezcano.

Publicado el 10 de julio de 2010 en Coberturas, Buenos Aires, Derechos Humanos

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