En la Vuelta

Colectivo con sede en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Fotografía documental y foto-periodismo.

A 34 años del golpe de estado

por Mariano Arias

Portafolio

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En un nuevo aniversario del golpe de estado se realizaron en Buenos Aires distintas actividades. Alrededor de las 16hs, las organizaciones vinculadas al espacio Memoria, Verdad y Justicia realizaron una multitudinaria movilizacion de Congreso a Plaza de Mayo, pasando por el obelisco. Un poco mas temprano, se realizó la marcha convocada por Madres de Plaza de Mayo - Linea Fundadora, Abuelas e H.i.j.o.s.

El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas dieron el golpe de Estado que la Burguesía reclamaba y que la política exterior del imperialismo norteamericano había diseñado para – según sus parámetros - estabilizar la región.

Las dictaduras militares desde Chile y Argentina en América de Sur hasta Nicaragua y El Salvador en Centro América impusieron el orden de los mercaderes, diseñaron una economía a medida de las grandes compañías financieras y practicaron en palabras del escritor revolucionario Rodolfo Walsh “la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio”. Los empresarios y los militares, con la complicidad y el silencio de los partidos políticos de la burguesía se sirvieron del Estado para aplicar una política económica que “no dejó de ser menos salvaje que la persecución política” (Rodolfo Walsh, Carta abierta de un escritor a la junta militar, 24 de marzo de 1977).

Aquel 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas coronaron el fin de una etapa política en Argentina con un golpe de Estado que extendería hasta 1983.

Pasaron treinta años del golpe de Estado que asoló Argentina para eliminar el principal obstáculo para la expansión del capital monopolista: la clase obrera organizada y dotada de conciencia de clase.

El avance de las luchas de la clase trabajadora y de las organizaciones revolucionarias caracterizó a los años anteriores al golpe de Estado. La revolución cubana, el gobierno socialista de la Unidad Popular en Chile, la derrota norteamericana en Vietnam, el mayo francés, la lucha anti colonialista en Argelia, la acción de la denominada iglesia del tercer mundo, intelectuales y poetas militantes, la revisión de las viejas concepciones de una izquierda estancada en la ortodoxia, la controversia reforma o revolución, las teorías del anti imperialismo y de la dependencia no fueron sólo datos de la coyuntura. Argentina y Latinoamérica estaban marcadas por esta realidad.

Para acabar con la esperanza y la lucha de los trabajadores y las trabajadoras las fuerzas armadas, acatando el pedido de la oligarquía y la gran burguesía, impusieron un terror nunca experimentado por el pueblo.

Un terror de una dimensión tal que convirtiera a los sobrevivientes en espectros despreciables para el resto de sus congéneres, porque escucharlos equivaldría a admitir una verdad y una responsabilidad imposible de sobrellevar.

Era levantar en una sociedad de supervivientes el muro de la “teoría de los dos demonios”. Cuando Primo Levi salió de un campo de concentración nazi tuvo la sensación de estar rodeado de deudores insolventes, como si cada uno le debiera alguna cosa y se rehusara a pagar (Primo Levi, “El despertar”).

Pero es desde ésta base, la de quienes nos atrevimos a mirar a los ojos de quienes sobrevivieron para escuchar humildemente, que re-escribimos esta historia.

No pensamos al pueblo como mero receptor de ese terror. No buscamos colocarnos en un lastimoso papel de víctima incapaz de ejercer nuestra capacidad opositora – por pequeña que ésta sea – a tanto horror.

Supimos resistir en momentos en que la resistencia es la única manera de luchar que queda.

Así parimos vida. Los genocidas, parteros de la muerte, se mueren mil veces cada mañana cuando el pueblo los aborrece.

Esta nueva remembranza del golpe revisa nuestros reclamos históricos y nos coloca frente a una justicia que necesitábamos y esperábamos, porque en parte también representa treinta años de lucha sin descanso.

Aquel poderoso movimiento por los derechos humanos que sobrevivió a los centros clandestinos de detención, que no permitió la consagración de la vergüenza, la mentira y la impunidad, que no dio la espalda a sus compañeros y compañeras, familiares, amigos o amigas detenidos y desaparecidos no puede conformarse con democráticas migajas.

El 19 y 20 de diciembre de 2001 representa una bisagra en la historia de las luchas populares en Argentina, el inicio de un capítulo de la historia que no pocos, propios y ajenos, quisieron apresurarse a pasar de largo y dejar en el olvido (nuevamente en el olvido).

Pero el desarme de la teoría de los dos demonios y la reivindicació n de la generación perseguida y asesinada en los ’70 no puede ser visto como el regalo de un gobierno sensible y progresista, sino como una expresión parcial que responde al resultado inevitable de la lucha de clases.

Y la historia de la lucha de clases no tiene dueño, por más desfiles que organicen los falsificadores para el espectáculo por televisión. Tiene protagonistas. Ahí es donde sabemos quienes estuvieron y quienes aparecen treinta años después a descorchar champaña. Ahí también vemos que en esta democracia poco cambió, porque aún mandan los mismos, el banquero y el patrón. Y nuestros compañeros y nuestras compañeras de hace treinta años lucharon bajo las banderas de la resistencia a todas las formas que pudieran asumir las dictaduras y el horizonte de la revolución. El único homenaje digno es hacer realidad el sueño por el que cayeron peleando.

Originalmente publicado a 30 años del golpe bajo el titulo Frente al capitalismo, por el socialismo y la libertad en el periodico anarquista En la calle en marzo de 2006.

Publicado el 25 de marzo de 2010 en Coberturas, Buenos Aires, Derechos Humanos, Trabajadores

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